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Mayo que te quiero Mayo

  • 17 may
  • 3 min de lectura

Mayo es un mes particular, la primavera brota de lleno recordando que ya viene el verano. Mes de rosas, campos rubios, amapolas que crecen en medio de un trigo todavía no maduro. Cuando era pequeña era mi mes preferido, lleno de promesas y nubes imperiosas. Ayer justo había un cielo de estos que han inspirado a tantǝs pintores, pienso en Sorolla o en los impresionistas franceses y sus pinceladas de ligereza nostálgica que capturan un momento efímero y al mismo tiempo eterno. 



Sumida en esta emoción entre el recuerdo, la naturaleza y la poesía he sentido fuerte el sentimiento del arte come diálogo eterno entre generaciones de seres humanos: los mayos míos, vuestros, de Lorca, de Machado, de Frida Kalho, de Miguel Hernández, de mi madre, de mi abuela, de los músicos que amamos, la primavera que brota y lleva esperanza de retomar la alegría del cuerpo para el invierno. Mayo es una metáfora poderosa del paso del tiempo en el sentido machadiano del “Todo pasa, todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”. Somos volátiles e intensos. 


Como estoy trabajando en el podcast “Poeticando” que a breve compartiré con vostrǝs y volví a los Romances me acordé de este poema “Romance del Prisionero” que a menudo se trata en clase con lǝs chicǝs para explicar el Romancero Viejo lírico. 

Para quien no lo sabe los romances son poemas narrativos, generalmente octosílabos con rima asonante en los versos pares, por eso tienen una musicalidad agradable y pegadiza. Es una forma que viene de la Edad Media, de los juglares, de la tradición oral, pasa por los poetas del Siglo de Oro, como Luis de Góngora y su Romancero Nuevo y finalmente llega a Lorca que lo recupera en clave moderna. El verso octosílabo tiene un ritmo casi hipnótico sobretodo cuando se lee en voz alta. Es un ritmo que el cuerpo reconoce antes que la mente y que está escrito con la función más primitiva de la poesía: el placer de la condivisión y la importancia de la imaginación. 

Es un poemilla simple, pero poderoso llega al corazón y se anida. Si vais a leer versos sobre el mes de mayo o la primavera vais a encontrar su huella imprimida en muchos autores del mundo hispánico porque el arte, la literatura tienen su mayor fuerza solo si se conciben como parte de un diálogo eterno y ancestral que Bécquer llama en su Rima I “un himno gigante y extraño que anuncia en la  noche del alma una aurora”. Nada se inventa todo se transforma en un hilo invisible pero resistente que une pasado y futuro: el arte como máquina del tiempo, como conexión eterna entre los seres humanos. 


Os dejo con una parte del “Romance del prisionero” que nos habla de lo mucho que duele la pérdida de la libertad y de cómo el recuerdo de la “primavera”, del amor y del arte, a mi ver representada por el cante de la avecilla, son indispensables para sobrevivir en tiempos oscuros. El ballestero que mata al pájaro representa el mal en sus muchas formas de las cuales no nos tenemos que descuidar nunca. Incluso hoy, en particular ahora que la violencia está ganando frente a la palabra y a la justicia. Este poemilla que remonta a un anónimo trovador tiene en sí toda la esencia de la vida. 



¿A vosotrǝs adónde os lleva? ¿Con quién os conecta? 


Yo ahora me voy a escuchar esta canción de los Delinqüentes ;) ¡Feliz domingo gente loquillǝ!



 
 
 

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